Un estudio efectuado por Argendata, portal estadístico de la Fundación Pensar, profundiza las claves de la informalidad laboral en la Argentina y concluye que el empleo no registrado creció un 22% desde 2016, además de poner en foco otras características particulares del mercado del trabajo en nuestro país.
El informe dice lo siguiente:
Según estimaciones del INDEC, desde el primer trimestre de 2016 Argentina sufre un proceso de creciente precarización laboral. Si bien los asalariados registrados mostraron un crecimiento leve (4%) hasta el tercer trimestre de 2025, la mayor parte se explica por un aumento en la cantidad de empleados públicos —considerando a municipios, provincias y nación, así como también a los trabajadores de los servicios públicos estatales—.
La mayor parte del crecimiento de la cantidad de puestos de trabajo (15%) se debe al fuerte incremento en la cantidad de asalariados no registrados (22%) y de no asalariados (24%). En su mayoría se trata de trabajadores por cuenta propia en condiciones de informalidad o baja calidad del empleo.
Este fenómeno se observa desde 2016. Sin embargo, desde 2023 se profundizó, evidenciando una mayor divergencia entre el empleo precario y el asalariado registrado.
El trabajo es una de las dimensiones más importantes de la estructura social y productiva de un país. Es la principal fuente de ingreso de los hogares y, por tanto, el factor que más determina las condiciones materiales de vida de las personas. A su vez, el trabajo es uno de los grandes articuladores de la vida social: es un ámbito de sociabilidad, pertenencia e integración, y es un factor fundamental para la cohesión social.
En Argentina, el porcentaje de la población que trabaja o busca trabajo (la población activa) ha ido en aumento desde la década de 1980, impulsada principalmente por la creciente incorporación de las mujeres al mercado de trabajo. Entre 1990 y 2022, la población activa pasó del 41% al 46%. La cantidad de puestos de trabajo también creció sostenidamente: en 2019 se contabilizaron 46 puestos de trabajo por cada 100 habitantes, el valor máximo registrado desde 1950.
No obstante, el mercado laboral argentino aún exhibe profundas brechas, por ejemplo, en términos de género. Para comprender estas diferencias, es esencial reconocer que el concepto de trabajo abarca tanto el empleo remunerado como el no remunerado, siendo este último llevado a cabo fundamentalmente por mujeres.
En las últimas décadas, el aumento de la participación laboral se debió a la creciente incorporación de las mujeres al mercado de trabajo.
La suba en la tasa de participación laboral de las últimas décadas no sólo se ha dado en Argentina sino también en otros países del mundo. La explicación es evidente al observar la creciente participación laboral de las mujeres. Ello se refleja en que la cantidad de mujeres activas cada 100 varones activos ha ido creciendo sostenidamente.
Según Ortiz-Ospina (https://ourworldindata.org/female-labor-supply), dentro de los factores detrás de esta mayor participación se destacan:
- Caídas en la tasa de fertilidad. Con el correr de las décadas, ha ido disminuyendo (tanto en Argentina como en otros países) la cantidad de hijos por mujer. Esto ha ido de la mano con mayores tiempos disponibles –que antes se dedicaban al trabajo no remunerado– y a una mayor planificación de la vida profesional.
- Políticas de cuidado. Si bien las mujeres en promedio siguen destinando mayor tiempo al que trabajo no remunerado los varones, el desarrollo de políticas públicas familiares ha vuelto al empleo más compatible con la maternidad. En las últimas décadas, por ejemplo, ha crecido la inversión en infraestructura de cuidados como jardines maternales o espacios de cuidado para personas mayores.
- Mayor difusión de electrodomésticos. La mayor penetración de bienes como lavarropas, aspiradoras o lavaplatos ha permitido disminuir notoriamente el tiempo requerido para tareas domésticas. Esto ha repercutido en mayor tiempo disponible para las mujeres, quienes históricamente han dedicado más horas a estas tareas.
- Normas sociales y culturales. Es bien conocido que estas normas son un producto del contexto cultural en el que se inscriben diferentes sociedades. Tales normas han claramente influenciado la participación laboral según géneros. En el pasado, era mucho más común que en la actualidad pensar que las mujeres casadas no debían trabajar. A su vez (y esto continúa hasta el presente), hay actividades productivas que siguen siendo de muy limitada inserción para las mujeres. Son ejemplo de esto la construcción, la minería, el petróleo, el transporte o la metalmecánica.
- Mejoras en la salud maternal. La morbilidad vinculada a la maternidad ha caído drásticamente en las últimas décadas. Esto permite una mayor inserción laboral femenina relativamente poco tiempo después del parto.
- Cambios en la matriz productiva. Argentina, al igual que otros países, ha registrado un incremento del peso de los servicios en la economía. Por normas sociales y por los estereotipos existentes, la feminización en los servicios ha sido mayor que en el primario y el industrial. En estos últimos sectores, existe una mayor proporción de tareas ligadas a la fuerza física, considerada típicamente como masculina.
En Argentina, la participación laboral alcanza su máximo en la población entre los 35 y los 50 años. Hay grandes diferencias en la tasa de actividad según la edad. La tasa de actividad ronda el 85% para la población entre 35 y 50 años y se desploma a partir de los 55-60 años.
Si se compara la tasa de actividad en grupos etarios de 5 años móviles, entre 2016 y 2023, la curva de 2022 está casi persistentemente por encima de la de 2016. Esto muestra que la tasa de actividad fue mayor en casi todos los rangos etarios. No obstante, al comparar por franjas etarias, se observan las mayores diferencias entre ambos períodos en la franja de 35 a 50 años. Allí es en donde más subió la participación laboral reciente.
Desde la década de 1980, la cantidad de puestos de trabajo en Argentina viene creciendo por encima de la población.
Entre 1950 y 1980, al igual que la tasa de participación, la cantidad de puestos de trabajo como porcentaje de la población argentina estuvo estancada. Este estancamiento puede explicarse a partir de factores demográficos. Entre estos, el principal es la prominencia de la familia tradicional, con una mayoría de los varones participando del mercado laboral y de las mujeres abocadas a tareas domésticas. Luego también se pueden enumerar la alta tasa de natalidad, el menor nivel educativo promedio de la población y la existencia de una sociedad salarial en donde los ingresos recibidos por los jefes del hogar eran suficientes para la manutención familiar.
Desde la década de 1980 hasta la actualidad, la cantidad de puestos de trabajo por cada 100 habitantes ha crecido sostenidamente. Dicha tendencia sólo fue interrumpida durante los primeros años de la Convertibilidad y la crisis de 1998-2002 (períodos caracterizados por una destrucción significativa de puestos de trabajo). En 2019, hubo 46,1 puestos de trabajo por cada 100 habitantes, el máximo desde al menos 1950. Esta tendencia también se observa en otros países de la región como México y Brasil.
La tasa de empleo es mayor en CABA y menor en el Norte Grande
En Argentina, la cantidad de ocupados por cada 100 habitantes es mayor en CABA que en el resto de las provincias. En la capital argentina hay 52 ocupados cada 100 habitantes, 6,5 más que la provincia que le sigue (Tierra del Fuego). En el otro extremo están provincias mayormente del Norte Grande –particularmente del NEA–, como Formosa (36), Chaco (38) y Corrientes (39).
Contando el trabajo no remunerado, en Argentina las mujeres trabajan más que los varones
De acuerdo a la Clasificación de actividades de uso del tiempo para América Latina y el Caribe (CAUTAL), las actividades humanas pueden dividirse en dos grandes grupos. Primero se encuentran las productivas, que incluyen tanto el trabajo en la ocupación –remunerado– como el trabajo no remunerado, muchas veces contadas como actividades “reproductivas”. Luego se encuentran las no productivas, como el aprendizaje y el estudio, el ocio y el cuidado personal, incluyendo el sueño.
Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INDEC de 2021, las mujeres de 14 años y más dedicaron un promedio de 531 minutos al día al trabajo. Esta cifra supera en 60 minutos la jornada laboral diaria de los hombres. La brecha se debe principalmente a la notable diferencia en la distribución del trabajo no remunerado. Las mujeres invierten en este 2,2 veces más tiempo que los hombres. Esto se debe tanto a que un mayor porcentaje de mujeres realiza estas tareas (92% contra 75% en los varones) como al hecho de que, cuando participan, lo hacen por mucho más tiempo.
Por otro lado, en lo que respecta al trabajo remunerado, los hombres dedican un 78% más de tiempo que las mujeres. El hecho de que esta brecha sea menor a la existente en el trabajo no remunerado explica por qué el trabajo total termina siendo mayor para las mujeres.








