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Ganadores y perdedores del modelo económico de Milei, según dos estudios que registran los contrastes de una realidad dispar

Para algunos, un panorama desolador. Para otros, números positivos que auguran un futuro promisorio. En un lapso de pocas horas, dos informes sectoriales arrojan resultados opuestos, como si se tratara de dos países diferentes. En pleno desarrollo de las inversiones del sector, la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) divulgó números más que interesante en su informe de mayo. Según el informe, la minería argentina cerró 2025 con exportaciones por U$$ 6.056 millones, el máximo histórico del sector, equivalente al 7% de las exportaciones nacionales totales, la participación más alta registrada. La proyección para este año es todavía más prometedora: llegaría, según estimaciones, a 9000 millones de dólares.

Según la CAEM, en aquellas provincias con mayor producción de oro y plata se incrementaron sus exportaciones, favorecidas por la mejora de los precios globales. En las productoras de litio, en cambio, las exportaciones también crecieron, pero gracias a la suba de los volúmenes producidos. El 93,2 por ciento de las exportaciones de Catamarca son mineras, en Santa Cruz el porcentaje llega al 85,8 por ciento, y en San Juan el 85.4 por ciento. Santa Cruz, con U$S 2400 millones, fue la provincia que más dinero recaudó en exportaciones mineras en 2025, seguida por San Juan (poco más de 1700 millones) y Jujuy (U$S 963 millones).

El salario minero es, aseguran los autores del informe, es 2,5 veces superior al salario promedio de los asalariados privados registrados. Y la tasa de informalidad es prácticamente nula (1,3%), en comparación con el resto de la economía, señala la CAEM.

El informe detalla que hay siete proyectos mineros aprobados: tres de ellos en San Juan, dos en Catamarca, uno en Salta, y el séptimo compartido entre estas dos últimas.  Oro, litio, cobre y plata son los metales a extraer, con inversiones de entre U$S 2700 (litio en Rincón, Salta) y U$S 380 (Veladero, en San Juan). Esperan aprobación otra decena de proyectos mineros, entre ellos el megaproyecto Vicuña, para explotación de cobre en San Juan.

La contracara de la bonanza minera es la crisis industrial. Según un informe de la consultora Audemus, dirigida por el economista Matías Kulfas, ex ministro del gobierno de Alberto Fernández, la industria manufacturera argentina arrancó 2026 con sus indicadores centrales en terreno negativo. En el primer bimestre de 2026, la producción industrial acumuló una caída del 10,7% respecto a igual período de 2023; desde el inicio del gobierno actual hasta enero de este año se perdieron 79.150 puestos de trabajo registrados y 2.894 empresas industriales. La capacidad instalada del primer bimestre de 2026 promedia 54,1%, su nivel más bajo para un primer bimestre en al menos once años.

En perspectiva internacional, afirma la consultora, Argentina registra la peor performance industrial del mundo entre 2023 y 2025 —junto con Hungría, gobernada por el ultraderechista Viktor Orban-, en una muestra de 80 economías con datos de UNIDO. En contraste, Brasil, Chile y la mayoría de los países de la región muestran crecimiento manufacturero en el mismo período.

Para Kulfas, “la desaceleración reciente de las importaciones industriales no es una señal de recuperación: refleja la caída en la demanda de bienes de capital e insumos por parte de una industria en contracción. Las importaciones de bienes de consumo, en cambio, continúan creciendo, proceso que reconfigura la oferta del mercado interno hacia proveedores externos”.

Rescata, de todos modos, el anuncio de la empresa ARPULP, una inversión de USD 2.000 millones en una planta foresto-industrial en Corrientes, la primera de envergadura en ese sector en más de cuatro décadas. “Una gran noticia en medio de un panorama muy adverso”, lo define.

“El inicio de 2026 no muestra señales de cambio de tendencia. La combinación de tipo de cambio apreciado, apertura comercial acelerada, ausencia de política productiva activa y un entorno internacional más disputado configura un escenario de presión estructural sobre el entramado manufacturero argentino”, concluye.

Dos realidades, un mismo país. Las dos caras de un programa económico con sectores que ganan mucho y otros que pierden mucho.

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