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La CGT deshoja la margarita por el 17 de octubre: entre tensiones internas, discute la mejor forma de presionar al PJ

La CGT se mueve al compás de sus dudas para definir cómo celebrará el 17 de octubre, la fecha más peronista del almanaque. Hace dos semanas, en una reunión de mesa chica, hubo opiniones mayoritarias en favor de hacer ese día un acto en una cancha para advertirle al peronismo que el sindicalismo quiere lugar en el armado electoral de 2027.

Sin embargo, la decisión de Axel Kicillof de convocar el 17 de octubre una concentración en La Matanza abrió una disputa que expone tanto la presión sobre el PJ como las divisiones internas de la central obrera. Por eso puede haber cambios: es seguro que, hagan lo que hagan, los dirigentes cegetistas elegirán el día anterior, el 16, para su festejo por el Día de la Lealtad, pero incluso hay dudas acerca de que tenga el formato de un acto en una cancha y surgen variantes como la de un coloquio de debate en un lugar cerrado y con menos concurrencia.

Aun así, la CGT está decidida a hacer su propia celebración por el 17 de octubre a partir del malestar que generó la reunión que los principales dirigentes del peronismo, encabezados por   Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, mantuvieron 11 de agosto en el hotel Emperador, en la ciudad de Buenos Aires. Lo que generó la furia de la cúpula cegetista es que de ese encuentro fue excluida la representación gremial.

La molestia no se limita a ese episodio. Entre los sindicalistas crece la idea de que volverán a quedar afuera de las discusiones centrales del PJ y también de las listas de candidatos legislativos para las elecciones del año próximo, una perspectiva que explica la búsqueda de una demostración de fuerza propia.

La apuesta cegetista, en principio, es reunir militancia sindical en un estadio y usar esa foto como presión política. El objetivo es recordarles a los dirigentes del PJ la definición de Juan Domingo Perón sobre el lugar del movimiento obrero organizado como “la columna vertebral del peronismo”.

El plan, de todos modos, enfrenta un límite político y práctico: muchos dirigentes gremiales creen que no hay espacio para dos actos de peso el mismo día. La concentración que impulsa Kicillof en La Matanza compite por la misma fecha simbólica y por la misma necesidad de exhibir respaldo masivo.

Por eso empezó a tomar forma una variante dentro de la CGT: mover el acto al viernes 16 de octubre y, además, evaluar un lugar más chico que una cancha. La prevención tiene una razón concreta: evitar una comparación directa en la cantidad de asistentes, porque tanto la central obrera como el gobernador bonaerense necesitan una imagen de multitud.

El trasfondo de esa cautela es la percepción que existe dentro del peronismo sobre el estado actual del sindicalismo. La dirigencia política del PJ considera que los gremios llegan a este tramo con menos poder que en las décadas de 1970 y 1980, y eso reduce la capacidad de presión que puede ejercer la central si vuelve a ser marginada del reparto de espacios de poder.

A esa dificultad se suma la interna cegetista. De un lado está Héctor Daer, referente de Sanidad y principal aliado de Kicillof dentro de la central, que busca que los gremialistas se sumen al acto del gobernador para fortalecerlo en plena tensión con el kirchnerismo.

Del otro lado se ubican dirigentes que rechazan alinearse ahora detrás del mandatario bonaerense. Ese sector prefiere esperar a que la candidatura presidencial del PJ para 2027 se defina a través de las PASO o de internas partidarias antes de tomar posición.

La disputa por el acto del Día de la Lealtad refleja un problema más profundo: el sindicalismo no está encolumnado detrás de un único presidenciable peronista. Junto con Daer, Hugo Moyano, Sergio Palazzo, Hugo Yasky y Hugo “Cachorro” Godoy forman parte del sector que hoy se alinea con Kicillof.

Otros dirigentes de la CGT, en cambio, dudan de que el gobernador bonaerense pueda atraer a sectores políticos suficientes para construir una alianza capaz de derrotar a Javier Milei. Esa evaluación los empuja a observar otras opciones dentro del peronismo y también fuera de él.

Entre esas alternativas aparece el trabajo silencioso de algunos gremialistas para impulsar la candidatura presidencial del ex gobernador de San Juan y actual senador nacional Sergio Uñac. Otros vuelven a apostar por Sergio Massa, a quien consideran un dirigente con experiencia.

También existe un polo sindical que adhiere al proyecto “Dante Gebel Presidente”. Ese espacio está liderado por Juan Pablo Brey y José Minaberrigaray, entre otros, y espera una señal más definida del pastor evangélico cuando encabece un acto en un estadio de fútbol en noviembre.

En las últimas semanas surgió además otro nombre entre sindicalistas de primera línea: Jorge Brito. Un gremialista que lo conoce sostuvo que el empresario busca captar a los desencantados de Milei, pero sobre todo a quienes provienen del peronismo no kirchnerista y de la llamada “ancha avenida del centro”.

Más allá de esas apuestas dispersas, en la dirigencia gremial predomina una misma lógica: mantener contacto con varios presidenciables del PJ e incluso con figuras de otras fuerzas opositoras. La razón no es solo que ninguno termina de entusiasmar, sino también la falta de certezas sobre quién tendrá el año próximo la fuerza suficiente para frenar una reelección de Milei.

Esa lectura también ordena el criterio con el que muchos sindicalistas dicen que elegirán a su candidato. Según admiten fuera de los micrófonos, el postulante ideal será quien combine mayor intención de voto en las encuestas con una garantía concreta de participación gremial y lugares en las listas.

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